LA OPINIÓN COLECTIVA COMO FUERZA SOCIAL
La formación de la opinión colectiva se debe al encuentro de opiniones individuales, quienes por sí mismas no logran contar en la esfera pública y deben complementarse con otras para en algún momento y cumpliendo con las características que propone la colectividad, se conviertan en una fuerza social.
La comunicación juega un papel de suma importancia en cada proceso social, pues a partir de ella, se ponen en común un sinnúmero de posiciones y comportamientos individuales que dejan ver creencias y expectativas, que a su vez ya están permeadas por el comportamiento de otros.
Irvin Crespi afirma que la opinión colectiva no es una forma de control social como tal, sino una fuerza que puede iniciar mecanismos de control social, pues se convierte en un conocimiento compartido, construido a partir del consenso y el disenso que también permite llevarse a cabo a partir de la comunicación.
Cabe destacar la influencia que ejercer los medios de comunicación en la construcción de la opinión individual, es ahí donde entra a jugar la formación y la cultura como una de las principales características para ser o no influenciable; aunque esta teoría la desdibujo en el momento que afirmo que independientemente de la formación personal, todos somos seres influenciables, basta referirme al buen papel que ha desempañado el mercadeo y la política, por citar solo un ejemplo, somos sencillamente esclavos del marketing.
Y aunque pareciera que todos tenemos libre albedrio para lanzar nuestra opinión públicamente, nos encontramos con un fenómeno generalizado, en el que muchos individuos prefieren no poner en común sus opiniones y por el contrario aportan a la teoría del espiral del silencio, en la que sencillamente se construyen opiniones individuales y nunca se expresan en un discurso público.
En este punto, quiero referirme al tema de ser o no influenciables que había mencionado dos párrafos atrás, pues es imposible decir que la formación garantiza la creación de una opinión más consiente, cuando estamos actuando muchas veces pensando en la fuerza represiva que de alguna manera afirma o reprueba nuestro accionar.
Según Crespi, compartir un universo discursivo, no es únicamente hablar el mismo idioma, más allá de esto, debe haber un acuerdo con relación a las pasiones, la expectativas y implicaciones de los sentimientos que estas palabras tienen individualmente, para construir consensos en comunidad.
Aunque las opiniones de muchos individuos se encuentren en lugares comunes, las de algunos de ellos pueden considerarse de mayor importancia que otras, es allí donde aparece el liderazgo de opinión, donde aparecen legitimadores que construyen y avivan identidades que mueven grupos sociales.
La opinión colectiva no es como tal una fuerza, más bien puede definirse como la motivación existente para llegar a la construcción de una fuerza social, espacio en el que se da lugar a un conflicto de intereses, en el que sus participantes descubren que tienen puestas en común y difieren en otras tantas.
La opinión colectiva se da principalmente mediante la comunicación directa, lugar que viene combatiendo la tecnología, exponiendo que no se necesita estar cara a cara para entrar en consenso con otros individuos, pues sencillamente basta con asociar intereses y así poner su opinión en pro de un proceso colectivo.


